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Capítulo 12 Editar

—¡...to! ¡Kirito!

Los llamados de Asuna, que eran casi gritos, me obligaron a despertar. Mientras me sentaba, tuve punzadas en la cabeza, lo que hizo que mi rostro se distorsionara.

—Ouch...

Miré a mi alrededor y vi que aún nos encontrábamos en la habitación del jefe. Fragmentos de luz azul todavía flotaban en la habitación. Al parecer, había perdido la consciencia solo por unos segundos.

Asuna estaba de rodillas en el suelo, su rostro estaba justo delante de mis ojos; sus cejas estaban fruncidas y mordía su labio. Parecía como si ella fuera a llorar.

—¡Idiota...! ¿¡Por qué!?

Ella gritó, y entonces, saltó a mis brazos y me rodeó con los suyos. La impresión fue tanta, que me hizo olvidar el dolor por un momento, sólo podía pestañar de la sorpresa.

—...No me abraces tan fuerte. Harás que mi HP desparezca.

Lo dije en broma, pero Asuna respondió con una expresión verdaderamente enfadada y metió una pequeña botella en mi boca. El líquido que fluyó era una poción de alta calidad que sabía como una combinación de jugo de limón y té verde. Debería curar mi HP por completo dentro de cinco minutos, pero mi cansancio iba a durar un rato más.

Asuna lo revisó para confirmar que lo había bebido todo. Entonces, su cara se arrugó, mientras colocaba su frente sobre mi hombro para esconder su rostro.

Levanté mi cabeza ante el sonido de pasos y vi que Cline se acercaba. Parecía un poco avergonzado por interrumpirnos, pero empezó a hablar de todas formas.

—Hemos terminado la curación de todos los miembros de la Armada que sobrevivieron, pero Cobert y dos de sus hombres han muerto...

—...sí. Es la primera vez, desde aquella ocasión en el piso sesenta y siete que alguien ha muerto mientras batallaba contra un jefe...

—Esa ni siquiera fue una batalla. Ese idiota de Cobert... No puedes hacer nada si estás muerto...

Cline escupió, luego inhaló profundamente, sacudió su cabeza y me hizo una pregunta, intentando cambiar los ánimos.

—De vuelta al tema, ¡¿qué demonios fue eso?!

—... ¿De verdad tengo que explicártelo?

—¡Por supuesto! ¡Nunca antes había visto algo así!

De repente me di cuenta de que aparte de Asuna, todos en la habitación tenían sus miradas sobre mí, esperando una respuesta.

—... Es una habilidad especial: <Hojas Duales>.

Las expresiones de asombro se veían con claridad a través del grupo de Cline y de los sobrevivientes de La Armada.

Todas las habilidades de armas debían ser aprendidas en cierto orden dependiendo de su tipo. En las espadas, por ejemplo, tenías que practicar bastante la habilidad de espada de una sola mano antes que aparecieran en la lista <El Estoque> y la <Espada de dos Manos>

Naturalmente, Cline estaba interesado, y me rogó que le dijera lo demás.

—¿Qué condiciones se tienen que dar?

—Se lo hubiera dicho a todos si supiera.

Mientras sacudía la cabeza, Cline suspiró y murmuró,

—Tienes razón...

Las habilidades de armas que no tenían un conjunto de condiciones que propiciaban su aparición eran llamadas “habilidades extra”. Estos incluso eran llamados algunas veces “condiciones al azar”. Un ejemplo sería la <Katana> de Cline. Pero la <Katana> no era tan extraña de ver y generalmente aparecía si practicabas la habilidad de Espada Curva.

Más de diez habilidades extras han sido descubiertas hasta ahora, incluyendo <Katana>, y tenían por lo menos a diez personas utilizando a cada uno de ellas. La única excepción eran mi <Hojas Duales> y la habilidad especial de otro hombre.

Estas dos parecían ser limitadas sólo a una persona, por lo que deberían ser llamadas <Habilidades Únicas>. Hasta ahora, había escondido la existencia de esta habilidad. Pero desde hoy, la noticia de que soy el segundo usuario de una habilidad única se extenderá a lo largo y ancho del mundo. No hay forma de que pueda mantener el secreto luego de usarla frente a tantas personas.

—Estoy decepcionado, Kirito. Ni siquiera me dijiste que tenías una habilidad tan impresionante.

—Te lo hubiera dicho si hubiese sabido las condiciones para propiciar su aparición. Pero en verdad no se me ocurre cómo pudo haber sucedido.

Respondí a la queja de Cline encogiendo los hombros.

No había ni una pizca de mentira en lo que había dicho. Hace aproximadamente un año, abrí mi ventana de habilidades y un día, simplemente, encontré el nombre <Hojas Duales> en la lista. Realmente no tenía ni idea de qué condiciones habían propiciado su aparición.

Desde ese entonces, sólo he entrenado con ella cuando me encontraba solo. Incluso luego de casi haberla dominado, en muy raras ocasiones la utilizaba contra monstruos a menos de que se tratara de una emergencia. Aparte de usarla para protegerme a mí mismo en una crisis, simplemente no me gustaba este tipo de habilidad debido a la atención pública que acarreaba.

Incluso pensé que sería mejor si otro usuario de Hojas Duales apareciera.

Rasqué el área alrededor de mi oído y murmuré,

—... Si se da a conocer que tengo una habilidad tan extraña, sólo provocaría que las personas me acosaran para conseguir información... y también podría acarrear otro tipo de problemas...

Cline asintió.

—Los jugadores en línea envidian con facilidad. Yo no lo haría porque soy un chico comprensivo, pero de seguro que hay mucha gente envidiosa. Sin mencionar...

Cline dejó de hablar repentinamente y miró a Asuna, la cual me abrazaba con fuerza, y sonrió de manera significativa.

—... Bueno, sólo considera el sufrimiento como otra forma de entrenamiento, joven Kirito.

—Entonces, ¿para ti es simplemente el problema de otra persona...?

Cline se inclinó hacia mí, golpeó mi hombro, y entonces se giró para caminar hacia los sobrevivientes de <La Armada>.

—Oigan muchachos, ¿creen ser capaces de volver a los cuarteles generales por sus propios medios?

Uno de ellos asintió ante la pregunta de Cline. Era un chico que parecía estar en su adolescencia.

—Está bien. Díganle a sus superiores lo que ha ocurrido hoy y que no deberían hacer algo así de estúpido otra vez.

—Sí... y, err... gracias.

—Agradézcanle a él.

Cline me apuntó con su pulgar. Los integrantes de la armada se levantaron temblorosos, voltearon hacia donde estábamos Asuna y yo todavía en el suelo, e hicieron una profunda reverencia antes de salir de la habitación. Una vez que llegaron al pasillo, usaron sus cristales para teletransportarse, uno después del otro.

Después de que las luces azules se desvanecieran, Cline puso las manos en sus caderas y empezó a hablar.

—Bueno, veamos... Vamos a continuar hacia el piso setenta y cinco y abriremos su puerta. ¿Qué tal si haces eso? Eres el hombre del día, así que, ¿quieres hacerlo?

—No, te lo dejaré a ti. Estoy totalmente cansado.

—Si ese es el caso... ten cuidado en el camino de vuelta.

Cline asintió y entonces hizo una seña a sus compañeros. Los seis caminaron hacia la gran puerta que había en el rincón de la habitación. Detrás de ella deberían estar las escaleras que llevan al piso superior. El portador de la katana se detuvo enfrente de la puerta y volteó.

—Oye... Kirito. Sabes que cuando saltaste para salvar a los miembros de La Armada...

—... ¿Qué hay con eso?

—Yo... bueno, en verdad me alegré. Eso es todo lo que tengo que decir. Nos vemos por ahí algún día.

No capté lo que estaba intentando decir. Mientras ladeaba mi cara, Cline levantó su pulgar hacia arriba para mí, abrió la puerta y desapareció a través de ella con su party.

En la habitación del jefe solamente quedábamos Asuna y yo. Las llamas azules que habían estado brotando del suelo habían desparecido un rato atrás, y la atmósfera siniestra que había llenado la habitación se había desvanecido sin dejar huella. La suave luminosidad que llenaba el pasillo ahora también flotaba hasta este cuarto. No quedaba ni un signo de la batalla.

Le dije algo a Asuna, quien todavía apoyaba su cabeza contra mi hombro.

—Oye... Asuna...

—... Tenía tanto miedo... No sabía qué haría si... si hubieses muerto.

Su voz agitada era más débil de lo que jamás le había escuchado.

—¿...de qué estás hablando? Tú eres quién atacó primero.

Dije esto mientras colocaba mi mano suavemente sobre el hombro de Asuna. Una bandera de infracción de conducta aparecería si la agarraba muy descaradamente, pero ésta en verdad no era una situación para preocuparme acerca eso.

Mientras la tiraba hacia mí gentilmente, mis oídos casi habían perdido el sonido de su tenue voz.

—Voy a tomar un corto descanso del gremio.

—T-Tomar un descanso... ¿Por qué?

—... Dije que haría un party contigo por un tiempo... ¿ya lo olvidaste?

Tan pronto como escuché eso...

En algún lugar profundo de mi corazón, se alzó un sentimiento que sólo podría ser descrito como un gran anhelo. Éste incluso me sorprendió a mí.

Yo—el jugador solitario, Kirito— era una persona que había abandonado a todos los demás jugadores con el fin de mantenerme a mí mismo con vida en este mundo. Yo, el cobarde que le había dado la espalda a su único amigo y que había huido dos años atrás, el día en que todo esto comenzó.

Una persona como yo, que ni siquiera tenía el derecho de desear un camarada— por no hablar de algo más que eso.

Ya me había dado cuenta de esto de una forma dolorosa e inolvidable. Había jurado nunca más volver a desear, nunca más volver a añorar el cariño de los otros.

Sin embargo–

Mi mano izquierda, que se había puesto rígida, no quería soltar el hombro de Asuna. Simplemente no podía alejarme de la calidez virtual de su cuerpo.

Enterré este gran y contradictorio conflicto dentro de mí con una emoción inexplicable, y entonces respondí corto y conciso.

—... está bien.

Después de escuchar mi respuesta, Asuna asintió levemente sobre mi hombro.

Al día siguiente.

Me he estado escondiendo en el segundo piso de la tienda de Egil desde esta mañana. Estaba sentado en una mecedora con mis piernas cruzadas mientras bebía un té de extraño sabor, por lo que supuse que era un producto defectuoso. También tenía un humor horrible.

Todo Algade—no, lo más probable es que todo Aincrad ha estado debatiendo sobre los eventos de ayer.

Eliminar un piso, o en otras palabras, la inauguración de una nueva ciudad, era suficiente para empezar una exorbitante cantidad de murmullos. Pero esta vez, se han mezclado varios rumores más, como <El demonio que aniquiló con todo el batallón de La Armada> o <El espadachín de Espadas Gemelas que mató al monstruo por sí mismo con cincuenta golpes>... Debería haber un límite para cuánto se pueden exagerar las cosas.

De alguna forma ellos averiguaron dónde vivía. Y como resultado de eso, espadachines y negociantes de información se apiñaron alrededor de mi casa desde temprano en la mañana. Terminé en medio de la molestia de tener que teletransportarme usando un cristal para así escapar.

—Me voy a mudar... A algún piso súper rural, a algún pueblo donde ellos jamás podrán encontrarme...

Mientras murmuraba mis quejas interminables, Egil caminó hacia mí con una sonrisa.

—Oye, no seas así. Es bueno que te hagas famoso por una vez en tu vida. ¿Por qué no haces de anfitrión? Yo me ocuparé de las entradas y del precio...

—¡De ninguna forma!

Grité y tiré la taza que había en mi mano derecha, hacia el área ubicada unos cincuenta centímetros a la derecha de la cabeza de Egil. Pero hice el movimiento que activaba mi habilidad Lanzamiento de Armas y lancé la taza hacia la pared con una gran velocidad. La taza dejó un rastro de luz antes de que se estrellara contra la pared con un fuerte sonido. Afortunadamente, la habitación era indestructible, así que nada ocurrió aparte de que apareciera la etiqueta del sistema de <Objeto Inmortal>. Si hubiera golpeado un mueble, seguramente hubiera sido destruido.

—Ah, ¿¡estás intentando asesinarme!?

Ante el grito exagerado del encargado de la tienda, levanté mi mano derecha como signo de disculpa, y me apoyé nuevamente en la silla.

Egil estaba revisando el tesoro que había recibido por la pelea de ayer. Cada cierto tiempo hacía un sonido extraño, lo cual muy probablemente significaba que había algunos objetos de valor allí.

Había planeado compartir con Asuna en partes iguales el dinero que obtendría al vender el botín, pero ya había pasado la hora acordada del encuentro y aún no había llegado. Ya le había mandado un mensaje, así que ella debería saber en dónde me encontraba...

Nos separamos ayer en la puerta teletransportadora de la calle principal del piso setenta y cuatro. Ella dijo que iba a solicitar un descanso y se fue a los cuarteles generales de los Caballeros de la Sangre en el en quincuagésimo cuarto piso, Grandum. Le pregunté si debía ir con ella, por el problema con Cradil y todo eso. Pero dijo que no había problema con una sonrisa en su rostro, así que dejé esa idea a un lado.

Ya pasaron dos horas desde la hora acordada. Si estaba así de atrasada, ¿significaba que algo malo había sucedido? ¿Debí haber ido con ella? Acabé con la taza de té de un solo trago para calmar mis nervios.

Justo cuando había agotado la tetera de té que estaba frente a mí, y Egil había terminado de examinar mis artículos, escuché el sonido de pasos que subían corriendo la escalera. Entonces, la puerta se abrió con rapidez de un golpe.

—Oye, Asuna...

Estuve a punto de decir “llegas tarde”, pero me contuve. Asuna como siempre tenía puesto su uniforme, pero su rostro estaba pálido y la preocupación brillaba en sus ojos. Con ambas manos sobre su pecho, mordió su labio inferior dos o tres veces, y entonces dijo,

—Qué deberíamos hacer... Kirito...

Dijo con dificultad con una voz que era casi llanto.

—Algo... malo ha ocurrido...

Después de beber algo de té recién hervido, la vida se las arregló para regresar al rostro de Asuna, y ella empezó a explicar vacilante. Egil bajó al primer piso luego de darse cuenta del ambiente.

—Ayer... cuando volví a los cuarteles generales en Grandum, informé todo lo que había ocurrido al líder del gremio. Entonces dije que quería tomar un descanso y luego, fui a casa... Pensé que obtendría el permiso durante la reunión habitual de la mañana...

Asuna, quién estaba sentada enfrente de mí, bajó su mirada y sujetó fuertemente su taza de té antes de continuar.

—El líder... dijo que podía tomar un breve descanso del gremio. Pero hay una condición... él dijo que... quería tener una batalla... contra Kirito...

—¿Qué...?

No podía entender qué quería decir por un instante. Una batalla... ¿eso significaba un duelo? ¿Qué tiene que ver un duelo con que Asuna tome un descanso?

Cuando le pregunté esto...

—Yo tampoco lo sé...

Asuna sacudió su cabeza mientras miraba al suelo.

—Intenté convencerlo que no había razón para hacer eso... pero él simplemente no me escuchó...

—Pero... esto es problemático. Que este hombre haya puesto una condición como esta tan de repente...

Murmuré mientras la imagen del líder del gremio pasaba por mi mente.

—Lo sé. El líder habitualmente nos deja por nuestra cuenta cuando planeamos nuestras estrategias para eliminar pisos y todas las actividades diarias del gremio. Pero no sé por qué esta vez...

Aunque el líder de los Caballeros de la Sangre tiene un carisma abrumador, la cual atraía la admiración no sólo de todos los miembros de su gremio sino que también de la mayoría de las personas que se encuentran en las líneas de fuego, él nunca daba ninguna instrucción u orden. Yo también he peleado a su lado durante un par de batallas contra unos jefes y admiré mucho su habilidad para mantener el mando sin una sola palabra.

Para que un hombre como él ponga como condición tener una batalla conmigo, ¿qué pudo haber ocurrido?

Aunque estaba completamente confundido, hablé con el propósito de calmar a Asuna.

—... bueno, primero vayamos a Grandum. Intentaré primero hablar con él directamente.

—Sí...lo siento. Siempre estoy dándote problemas...

—Haré cualquier cosa con alegría, porque eres mi...

Asuna me miró expectante cuando me detuve a la mitad de mi oración.

—...importante compañera.

Asuna hizo una mueca de insatisfacción, y luego reveló una cálida sonrisa.

El Hombre Más Fuerte, La Leyenda Viviente, El Paladín y etcétera, el líder de los Caballeros de la Sangre tenía tantos sobrenombres que no podías contarlos con tus manos.

Su nombre era Heathcliff. Antes de que mi habilidad de <Hojas Duales> se conociera a lo largo y lo ancho, él era conocido por ser el único usuario de una <Habilidad única> entre los seis mil jugadores de Aincrad.

Su habilidad extra usaba la combinación de una espada y un escudo, los cuales tenían forma de cruz, y le permitían al usuario intercambiar a voluntad entre ofensiva y defensiva. Su nombre era <Espada Sacra>. Lo he visto con mis propios ojos un par de veces, y noté que el aspecto más extraordinario era su abrumadora fuerza defensiva. Los rumores dicen que nunca se ha visto a su HP acercarse a la zona amarilla. Durante la batalla contra el jefe del quincuagésimo piso, el cual había infringido fuertes bajas en los jugadores, él se las había arreglado para mantenerlo a raya por sí mismo por diez minutos. Este logro aún seguía siendo un tema popular de conversación hasta hoy en día.

No había ningún arma que pudiera perforar el escudo en forma de cruz de Heathcliff.

Este era uno de los dogmas más aceptados en Aincrad.

Cuando llegué con Asuna al quincuagésimo quinto piso sentí un nerviosismo indescriptible. Por supuesto, no tengo ninguna intención de cruzar espadas con Heathcliff. Meramente iba a solicitarle que aceptara la petición de Asuna para que ella tomara un descanso temporal del gremio; esa era mi única meta.

Grandum, el área habitable de quincuagésimo quinto piso, era llamada la <Ciudad de Acero>. Esto era debido a que Grandum, a diferencia de las otras ciudades que estaban construidas a base de roca, constaba en su mayoría de grandes torres hechas de brillante acero negro. Ya que la ciudad tenía un número inmenso de forjadores, su población de jugadores era bastante alta. Sin embargo, en las calles no había ningún árbol o alguna otra clase de verdor, lo que despedía la sensación de que esta ciudad era implacable en los vientos de invierno.

Llegamos a través de la puerta teletransportadora de la plaza y caminamos por la calle, la cual había sido hecha al colocar placas de acero con remaches. Las pisadas de Asuna parecían pesadas; tal vez esto era porque tenía miedo de lo que podría suceder.

Caminamos entre las torres de acero por unos diez minutos hasta que una torre incluso más grande se vislumbró ante nosotros. Lanzas plateadas sobresalían de las enormes puertas, y banderas blancas con cruces rojas se sacudían en el frío viento. Estos eran los cuarteles generales de los Caballeros de la Sangre.

Asuna se detuvo enfrente de mí. Miró hacia la parte alta de la torre y entonces dijo,

—Antes, los cuarteles generales eran una pequeña casa en una villa rural del piso treinta y nueve. Todos siempre se quejaban de que era muy pequeña y que siempre se atestaba de gente. No estoy en contra de la expansión del gremio... pero esta ciudad es muy fría y no me gusta...

—Sólo pasemos por esto rápido, y luego vayamos a buscar algo caliente para comer.

—Siempre estás hablando sobre la comida.

Asuna sonrió y movió su mano izquierda para agarrar gentilmente los dedos de mi mano derecha. Ni siquiera me miró, yo estaba perplejo ante su comportamiento, y simplemente nos quedamos así por unos pocos segundos.

—¡Bueno, adelante!

Entonces, ella liberó mi mano y comenzó a caminar hacia la torre a grandes zancadas. Me apresuré para seguirla desde atrás.

Luego de subir por las escaleras, llegamos a dos grandes puertas abiertas, aunque había unos guardias fuertemente armados a cada lado, equipados con dos lazas particularmente largas. Asuna caminó hacia ellos, los tacones de sus botas hacían ruidos contra el suelo. Mientras se les acercaba, ambos la saludaron levantando sus lanzas del suelo.

—Gracias por su arduo trabajo.

Con su respuesta clara, y su paso firme, era difícil creer que se trataba de la misma chica deprimida que había estado en la tienda de Egil apenas una hora atrás. Siguiendo a Asuna de cerca, pasé al lado de los guardias y entré a la torre junto a ella.

Como los otros edificios de Grandum, esta torre también había sido construida a base de acero negro. Su primer piso era una espaciosa antecámara, pero allí no había ni una sola persona en estos momentos.

Al pensar que el edificio se sentía aún más frío que el exterior, pasamos a través de un piso de mosaico, que había sido construido meticulosamente de numerosas piezas metálicas, y llevaba hacia una escalinata en espiral.

Subimos las escaleras: nuestras pisadas hacían eco a través de la sala. La escalinata subía tan alto que una persona de vitalidad baja habría colapsado a la mitad del camino. Luego de pasar por incontables puertas, comencé a preocuparme sobre cuán adentro tendríamos que ir. Entonces, Asuna por fin se detuvo frente a una fría puerta de acero.

—¿Esta es...?

—Sí...

Asuna asintió con una expresión de reticencia en su rostro. Pero pareció tomar una decisión al instante. Levantó su mano derecha, golpeó la puerta con fuerza, y entonces la abrió sin esperar una respuesta. Entrecerré mis ojos mientras una luz brillante se esparcía hacia afuera desde la habitación.

Dentro había una habitación redonda que ocupaba un piso completo de la torre. Todas las paredes estaban hechas de ventanas de vidrios transparentes. La luz que se filtraba a través de ellas coloreaba el cuarto de un gris monótono.

En el centro de la habitación se encontraba una gran mesa semicircular; cinco hombres estaban sentados en las sillas. Nunca había visto a los otros cuatro, pero reconocí al que estaba en el medio demasiado bien. Él era el paladín, Heathcliff.

No lucía muy imponente. Su edad era probablemente unos veinticinco años. Sus rasgos eran agudos, como los de un erudito, y una hebra de cabello gris-acero colgaba delante de su frente. La suntuosa túnica roja caía alrededor de su alto y delgado cuerpo, haciéndolo parecer más como un mago, los cuales no existen en este mundo, que como un espadachín.

Pero su característica más prominente eran sus ojos. Esos misteriosos ojos de cobre emitían un fuerte magnetismo que abrumaba a las personas. Este ni siquiera era la primera vez en que me lo encontraba, pero a decir verdad, aún me sentía intimidado.

Asuna caminó hacia la mesa, con el sonido de sus botas haciendo eco, y ofreció un leve saludo.

—He venido a despedirme.

Heathcliff sonrió agriamente en respuesta,

—No hay necesidad de apresurarse. Por favor, primero permíteme hablar un poco con él.

Miró en mi dirección mientras decía eso. Eché mi capucha hacia atrás y me paré al lado de Asuna.

—¿Es esta la primera vez que nos encontramos fuera de una batalla contra algún jefe, Kirito?

—No... hablamos un rato durante la reunión de estrategia en el sexagésimo séptimo piso.

Respondí en tono formal sin siquiera darme cuenta.

Heathcliff asintió ligeramente y juntó sus manos encima de la mesa.

—Esa fue una batalla difícil. Casi tuvimos algunas bajas dentro de nuestro gremio. Aunque nos llamen el mejor gremio, siempre estamos cortos de personas. Y aún así ahora intentas llevarte uno de nuestros preciados y mejores jugadores.

—Si ella es tan preciada, ¿Qué tal poner más atención al asignar sus guardaespaldas?

El hombre que estaba al extremo de la derecha empezó a pararse ante mi aguda respuesta, cambiando su expresión. Pero Heathcliff lo detuvo simplemente al sacudir su mano.

—Le he ordenado a Cradil regresar a su casa y meditar acerca de sus errores. Debo ofrecer mis disculpas por el problema que te hemos ocasionado. Pero, no podemos ponernos a un lado y permitir que te lleves a nuestra sub-líder, Kirito...

De repente se quedó mirándome, sus agudos ojos metálicos mostraban una inquebrantable voluntad tras ellos.

—Si quieres llevártela, gánala con tu espada, con tus <Hojas Duales>. Si luchas contra mí y ganas, entonces Asuna puede marcharse contigo. Pero si pierdes, entonces tendrás que unirte a los Caballeros de la Sangre.

—...

Sentí como si finalmente pudiese entender un poco a este misterioso hombre.

Él era una persona obsesionada con los duelos de espadas. Además, tenía una seguridad inquebrantable en sus habilidades. Era una persona irremediable que no podía deshacerse de su orgullo de gamer, a pesar de estar atrapado en este juego sin escape de la muerte. En otras palabras, era igual a mí.

Luego de escuchar las palabras de Heathcliff, Asuna, quién había estado en silencio hasta ahora, abrió su boca y habló como si no pudiera soportar más todo esto.

—Líderes, no he dicho que dejaría el gremio. Sólo quería tomar un descanso temporal, para alejarme y pensar algunas cosas...

Posé mi mano en el hombro de Asuna, cuyas palabras se habían agitado aún más, y di un paso hacia adelante. Encaré la mirada de Heathcliff directamente, mi boca se movió casi por sí misma.

—Está bien. Si quieres hablar a través de nuestras espadas, no tengo ninguna objeción. Lo decidiremos con un duelo.

—¡¡¡Auu...!!! ¡¡¡Idiotaidiotaidiota!!!

Estábamos de vuelta en Algade, en el segundo piso de la tienda de Egil. Luego de ahuyentar al curioso encargado de vuelta al primer piso, traté de tranquilizar a Asuna.

—¡¡¡Estaba intentando convencerlo con tanto empeño, y aun así tenías que decir algo como eso!!!

Asuna estaba sentada en el reposabrazos de la mecedora, en la cual yo estaba sentado, y usaba sus fuertemente apretados puños para golpearme.

—¡Lo siento! ¡ En veeeerdad lo siento! Sólo me dejé llevar y...

Asuna finalmente se calmó luego de que agarrara sus puños amablemente, pero ahora estaba haciendo una mueca. Tenía que obligarme a contener la risa por la gran diferencia que había entre su comportamiento de aquí y el que tenía en los cuarteles generales.

—Está bien. Decidimos el uso de reglas basados en el primer golpe, así que no hay posibilidades de daño. Por otro lado, no es como si definitivamente fuera a perder...

—Uu~~~~...

Asuna hizo un sonido de enfado y cruzó sus delgadas y largas piernas por encima del reposabrazos.

—...Cuando vi tus <Hojas Duales>, pensé que tu habilidad estaba en un nivel completamente diferente. Pero es lo mismo para la <Espada Sacra> del líder... Cualquiera podría decir que su poder es lo suficientemente fuerte como para destruir el balance del juego. A decir verdad, realmente no sé quién ganará... Pero, ¿qué vas a hacer? Si pierdes, no importa si no puedo tomar un descanso, tendrás que unirte a los Caballeros de la Sangre, Kirito.

—Bueno, podrías decir que aún así lograría mi objetivo, depende de cómo lo veas.

—¿Eh? ¿Por qué?

Tuve que obligar a mi boca a que se abriera para responder.

—Err, bueno, Asuna, siempre... siempre y cuando estés a mi lado, unirme al gremio no es un problema.

En el pasado, nunca habría dicho algo como esto, incluso si fuera para salvar mi vida. Los ojos de Asuna se agrandaron de la sorpresa, y su cara se puso tan roja como una manzana madura. Entonces, por alguna razón, cayó en el silencio, se levantó del reposabrazos y caminó hacia la ventana.

Desde el otro lado de los hombros de Asuna, podía escuchar los sonidos cotidianos de Algade bajo la puesta de sol.

Lo que había dicho era verdad, pero aún era reacio a ser parte de un gremio. Mientras recordaba el nombre del único gremio al que he pertenecido, el cual ya no existe, un dolor agudo atravesó mi corazón.

—Bueno, no tengo ninguna intención de perder...

Pensé para mí, y entonces me levanté del asiento y caminé hacia Asuna.

Poco después, Asuna apoyó su cabeza suavemente sobre mi hombro derecho.


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