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Capítulo 8 Editar

El aire que rodeaba el camino a través del bosque estaba caliente. Era casi como si el oscuro presentimiento que había estado presente en este lugar anoche hubiera sido sólo una ilusión. El sol de la mañana brillaba entre las ramas, creando dorados pilares de luz, por entre los cuáles las mariposas revoloteaban. Tristemente, todo esto eran solamente efectos visuales, por lo que no podías atrapar ninguna aunque la persiguieras.

Mientras hacía crujir la suave maleza bajo sus pies, Asuna dijo en broma,

—Siempre llevas puesto lo mismo.

Ah.

Miré mi cuerpo: una holgada chaqueta negra de cuero, un par de pantalones y una camisa del mismo color. Virtualmente no estaba equipado con una armadura de metal.

—Bueno, ¿y qué? Si tienes suficiente dinero para gastarlo en ropa, es mejor que compres algo de comida...

— ¿Hay alguna razón práctica por la cuál siempre vayas todo de negro? ¿O es sólo una expresión de tu personalidad?

— B-Bueno, ¿qué hay de ti? Siempre llevas esa cosa blanca y roja...

Al hablar, empecé a analizar el área por la fuerza de la costumbre que había adquirido sin siquiera meditarlo previamente. No había ningún monstruo cerca. Pero–

—No puedo hacer nada respecto a ello. Es el uniforme del gre... ¿huh? ¿Por qué?

—Espera un poco...

Levanté mi mano ligeramente e interrumpí a Asuna. Había un jugador en el borde de mi área de exploración. Mientras me enfocaba en el área detrás de mí, numerosos cursores verdes comenzaron a parpadear, mostrando que allí había un montón de jugadores.

No había ninguna posibilidad de que se tratara de un grupo de bandidos. Los bandidos siempre iban tras los jugadores que eran más débiles que ellos, por lo que, muy raramente eran vistos cerca de las líneas de fuego, en las cuáles se encontraban todos los jugadores más fuertes. Más allá de eso, cuando un jugador cometía un crimen, su cursor se tornaba naranja y no volvía a ser verde en un buen tiempo. Lo que me preocupaba era su número.

Emplacé el mapa del menú principal y lo puse en modo de exposición para que Asuna también pudiera verlo. El mapa del área fue aumentado por mi análisis y mostró los cursores verdes. Había doce de ellos.

—Son muchos...

Asentí ante lo que Asuna había dicho. Habitualmente, cuando habían demasiados miembros en una party se hacía más difícil pelear como un equipo, por lo que cinco o seis era el número típico de jugadores.

—Mira esa cantidad.

La multitud de luces que se dirigían rápidamente a esta dirección marchaba en ordenadas filas de dos. Tal vez en una mazmorra peligrosa sería normal, pero era extraño ver una cantidad tan grande de un grupo uniformado en el campo.

Si pudiéramos ver el nivel de los miembros, podríamos ser capaces de decir qué estaban haciendo, pero los jugadores ni siquiera podían ver el nombre de otros jugadores con los cuáles se encontraban por primera vez. Era un sistema por defecto creado con el fin de prevenir PKing – matar a un jugador – con demasiada libertad, pero esto también no nos dejaba más opción que adivinar su nivel basándonos en su equipamiento.

Cerré el mapa y miré a Asuna.

—Tendremos que echarles un vistazo. Escondámonos detrás de los árboles hasta que hayan pasado.

—Sí, tienes razón.

Asuna asintió con una expresión seria. Subimos a un pequeño montículo y nos agachamos detrás de unos matorrales que eran más o menos de nuestra altura. Era una buena posición para observar al grupo mientras pasaban.

—Ah...

Asuna repentinamente miró su ropa. El uniforme blanco con rojo resaltaba bastante entre las plantas verdes.

—¿Qué debo hacer? No tengo ningún otro equipamiento...

Los sujetos estaban bastante cerca ahora. Ya estaban entrando a nuestro campo de visión.

—Discúlpame por un momento.

Abrí mi chaqueta y cubrí a Asuna con ella. Asuna se quedó mirándome unos instantes pero me permitió cubrirla. La chaqueta no era muy bonita a simple vista, pero daba un gran beneficio para el escondite. Con todo esto, sería bastante difícil localizarnos sin una alta habilidad de búsqueda.

—Bueno, no es muy bonita a la vista, pero es muy útil, ¿verdad?

— ¡No lo sé!... shh, ¡Están aquí!

Susurró Asuna y puso un dedo sobre sus labios. Me agaché aún más y el sonido de pasos llegó a mis oídos.

Eventualmente, pudimos ver al grupo caminar por el lugar.

Todos eran guerreros. Y usaban la misma armadura negra de metal y el mismo traje verde de batalla. Su equipamiento, íntegramente estaba compuesto de diseños prácticos, excepto por la sobresaliente pintura de un castillo en cada uno de sus escudos.

En el frente, seis tenían espadas de una mano y, en la parte posterior, seis llevaban alabardas. Todos tenían sus visores sobre su cara, por lo que no podíamos ver sus rostros. Mientras observábamos marchar a los doce jugadores en perfecto orden, incluso comencé a pensar que eran un grupo de NPCs.

Ahora estaba seguro. Se trataba de miembros del gran grupo que había hecho de la ciudad del primer piso su cuartel general: <La Armada>. Pude sentir cómo Asuna contenía su respiración.

No eran enemigos para los jugadores comunes y corrientes. De hecho, ellos podían ser considerados el grupo que había puesto mayor empeño en detener los crímenes a campo abierto.

Sin embargo, sus métodos eran un poco rudos, y se decía que atacaban a los jugadores naranja – los cuáles eran llamados de esta forma debido al color de sus cursores – tan pronto como los encontraban y sin hacerles ninguna pregunta. Luego les quitaban su equipamiento y los encarcelaban en las mazmorras del Castillo de Hierro Negro. Los rumores sobre el trato que <La Armada> daba a las personas que no se rendían y fallaban al huir, eran bastante espantosos.

También eran conocidos por viajar en enormes party ́s y tomar el control completo de la habilidad de caza, por lo que era bien sabido entre los jugadores que “uno nunca se debía acercar a <La Armada>”. Bueno, habitualmente su base de operaciones eran el quincuagésimo piso e inferiores, haciendo a su grupo más fuerte y manteniendo el orden, así que era extraño encontrárselos en las líneas de fuego.

Mientras mirábamos en silencio, los doce guerreros impresionantemente armados desaparecieron en el bosque entre los sonidos que producían sus armaduras y botas.

Teniendo en cuenta que todos los jugadores habían conseguido tener entre sus manos el software, se podría decir que todos los atrapados dentro de SAO estaban obsesionados con los videojuegos, y eran una raza que no tenía ninguna clase de conexión con la palabra <Reglas>. El hecho de que mostrasen movimientos tan sincronizados era increíble. Ellos incluso podían haber sido la unidad más fuerte de <La Armada>.

Luego de asegurarnos de que ya no estaban dentro del rango del mapa, Asuna y yo dejamos salir un suspiro de alivio.

—... el rumor, es verdad...

Le susurré a Asuna con mi chaqueta aún sobre ella.

— ¿Rumor?

—Sí. Escuché en la reunión del gremio que <La Armada> estaba cambiando su modus operandi, y había comenzado a aparecer en los pisos superiores. Ellos fueron una vez un grupo que trataba de ganar el juego, ¿cierto? Pero después del daño que recibieron al luchar contra el Jefe del vigésimo quinto piso, comenzaron a enfocarse en hacer a su grupo más fuerte y dejaron de pelear en las líneas de fuego. – Entonces, en vez de ir a los laberintos en un grupo inmenso como solían hacerlo y causar gran alboroto, optaron por enviar grupos más pequeños conformados por unidades de élite e intentaron demostrar que aún procuraban ganar el juego. El reporte supuso que la primera unidad aparecería pronto.

—Por lo que están dando a conocer su habilidad. Sin embargo, ¿ellos en verdad se las arreglan simplemente yendo a un área inexplorada? Parecían tener niveles bastante altos pero...

—Tal vez... van a intentar vencer al Jefe...

En cada laberinto, había un Jefe que custodiaba las escaleras al piso siguiente. Ellos no se regeneraban y eran verdaderamente fuertes, pero la reputación y la popularidad ganada al vencerlos sería inmensa. Lo cuál sería bastante efectivo para darse a conocer.

—¿Así que ellos juntaron a esas personas...? Pero eso es estúpido. Nadie ni siquiera ha visto al Jefe del piso setenta y cuatro. Normalmente se manda grupos de reconocimiento para analizar la fuerza y los patrones de ataque del Jefe.

—Bueno, incluso los gremios unen sus fuerzas para derrotar a los jefes, ¿Tal vez ellos están haciendo lo mismo...?

—No lo sé... Bueno, ellos también deben saber que ir contra un Jefe así no tiene sentido. Deberíamos apresurarnos. Espero que no nos crucemos con ellos allí.

Me levanté, algo decepcionado por tener que dejar ir a Asuna. Asuna se estremeció al levantarse.

—Ya casi estamos en invierno... yo también debería comprar una chaqueta. ¿En cuál tienda compraste la tuya?

—Hmm... lo más probable es que haya sido una tienda de jugadores en el área poniente de Algade.

—Entonces, llévame ahí cuando hayamos acabado la exploración.

Dicho esto, Asuna saltó con gracia hacia el camino. La seguí. Debido al sistema, esta altura no era un problema para mí.

El sol estaba casi en su punto más alto. Asuna y yo recorrimos el camino rápidamente mientras le prestábamos algo de atención a nuestros alrededores.

Afortunadamente, salimos del bosque sin siquiera habernos encontrado con un monstruo y un prado lleno de flores azules apareció ante nosotros. El camino llevaba directo al prado, y al final de éste el Área del Laberinto se erguía con orgullo.

En la parte más alta de esta torre, debería haber una habitación inmensa y un jefe debería estar haciendo guardia en las escaleras que llevan al siguiente piso –el piso 75 en este caso. Si el jefe fuera vencido y alguien llegara al área habitable del siguiente piso y activara la puerta teletransportadora, entonces este piso ya habría sido despejado.

La <Inauguración de la Ciudad> sería celebrada por una gran multitud de personas de los pisos inferiores que vendrían a ver la nueva ciudad, y todo el lugar tomaría vida como si allí hubiese un festival. En estos momentos, ya han pasado nueve días desde que la gente ha empezado a explorar activamente el piso setenta y cuatro. Ya era hora de que alguien descubriera al Jefe.

La torre era un edificio cilíndrico hecho de piedra caliza marrón-rojizo. Éste era un lugar en el que Asuna y yo habíamos estado en numerosas ocasiones, pero no podías evitar sentirte intimidado por su inmenso tamaño. Y aun así, ese tamaño era sólo una centésima parte de Aincrad. Tenía un deseo imposible, pero, secretamente, quería ver el colosal castillo flotante desde afuera con mis propios ojos.

No pudimos ver la unidad de <La Armada>. Lo más probable es que ya hubieran entrado. Caminamos hacia la entrada, acelerando nuestro paso inconscientemente.


Traducción:

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